“Y que leíste?” es la pregunta de rigor cuando después de participar en Horas de Junio, a cuyas lecturas pocos interesados se presentan (fuera de los camaradas escritores que participan en el encuentro y hacen lo posible para estar ahí, hechos pedazos o no), y en la presentación de este festival hice un experimento, “taroteando” mis hojas con diferentes textos para crear una especie de “lectura espontanea” con los diversos segmentos de las novelas ineditas “Yesing” y “Limbolandia”. Formando una cruz con las catorce cuartillas y editando cada texto según mejor se “sintiera”, el resultado fue una especie de “remix”, o “collage” de diferentes observaciones y sentimientos, muchos de los cuales publiqué en este blogo del fin del mundo para acá. A continuación les comparto uno de estos pedazos en su totalidad para evitar la redundancia, y también para darles algo diferente y más completo que lo leído en las H. de J. De hecho, esto es la primera sección de un capítulo de la segunda parte de “Yesing” (son tres partes de seis chapters c/u), llamado “YE51N6” (esta onda noventosa tiene su razón de ser, se supone), y pretende explicar el origen del término y el espíritu de esta pseudo filosofía.
So, enjoy, no duden en compartir su opini
ón, si tienen una, o de saludar para amarrar buen karma.
Ah, derechos reservados y todo ese show ;-)
YE516
Locochones institucionales y veteranos expertos en la secular práctica del hedonismo mártir me lo han recomendado en el pasado, desde que les pedía tímidamente un vaisa y no soltaba el humo para toser machín; incluso en fechas recientes, siguen chingando con lo mismo: “No combines el chupe con la atizada, se te van a cruzar los cables; te vas a quedar en el viaje”.
Como si eso fuera malo, pienso, algunas veces en voz alta, si el interlocutor luce divertido de ofender.
También me dicen: “Lo que haces es fabuloso, mamón y jodido; una hurracarrana”.
Necedades como estas las respondo con declaraciones espinozas y verídicas que a nadie le incumben: “Una viuda negra hizo su nido bajo el asiento de la silla de plástico donde escribo desde que me mudé a Pappagiorgio’s”.
No la maté porque jamás me atacó, tiendo a quererles aclarar. Pocas ocasiones me animo a hacerlo.
“¿Por qué castigas tu cuerpo con venenos y desveladas?”, me chilla la gente lonjuda, adictos a refrescos, tabaco, chocolates y papas fritas. “¿Quiéres morirte joven?” ¡Puta, que no me quiero morir nunca! ¿Qué pendejo va desear la muerte cuando hay tantas mujeres bellas y buenas aún por nacer, crecer y estropearse?
“Aburrirse no es vivir”, les respondo. ¡A la mierda con tu percepción cuadrada y cursi de lo que constituye prosperidad y desarrollo!, les grito por dentro.
“Sin disciplina ni autocontrol nunca vas a llegar a nada”, se han atrevido a sermonearme en más de una ocasión (una de tantas desventajas de no lucir rudo ni peligroso). No tan pedante como el “¿cómo te visualizas en cinco años?”, pero sí del mismo vecindario de mierda.
Como si en verdad hubiera algún lugar específico a dónde llegar, y pudiera alcanzarse a lo largo de un lustro.
Y si me agarran stoned puede y replique: “Los medios influyen en la agenda de nuestro currículum oculto”. Aunque es muy posible que lo susurre con demasiada lentitud, o lo tosa.
Maldita obsesión, esta de contestar necedades. Como abrirle a camaradas borrachos en la madrugada de un lunes. Como contestar la llamada de una ex novia mientras tu amante duerme junto a ti. Como aceptar otra línea/copa/toque/tacha, estando ya hasta arribota y atrasote. Como cogerte tres morras en una tarde-noche-madrugada, sólo porque puedes hacerlo sin que ninguna sepa de la otra o se quede a dormir. Como plantar a los familiares que vinieron de lejos a celebrar la tercera boda de tus abuelos, para quedarte pimpeando en un bar teibolero con el smoking rentado.
Es parte de mi filosofía: decir “simón” a todo lo que suene desmadroso.
Un chingo más pelada que decir “nel”, y mucho más chingón.
Decir que sí es entrar en una casa, lejos del sol que te quema o fuera de una lluvia helada; es abrir la boca para comer y sentarse en el escusado para cagar; es abrazar a quien quieres y escupir a quien odias; es penetrar una vagina gustoso o recibir el mondiux con un gemido agradecido; es gastar tu lana en lo que se te antoje y en el momento preciso. Decir que sí, es decirle sí a la vida.
“No” es for losers. “Yes” es la neta. Nancy Reagan chupa cock: Just Say Yes!
Yes: su sonido en inglés, tal cual se lee, lleva consigo el significado poético de la Y, el árbol de Pitágoras, la bifurcación de un camino en dos sendas que corren hacia direcciones opuestas; y el siseo de las culebras míticas, Lucifer en el Edén, y aquella que Cadmo mató al fundar Tebas.
Yeeesss: tu lengua atrapada entre tus dientes y el paladar, emitiendo el fonema mágico que abre todas las puertas; el amén que provoca milagros.
Thy Yesdom come. Thy Yesdom go. Gimme me thy Yesing for my soul to keep.